A la memoria de un amigo...

«Padre mío, si es posible, aparta de mí este cáliz de amargura. Mas hágase tu voluntad, y no la mía.» (Mateo 26: 39-41).

Tu voluntad lo llamó y fue tu voluntad, pues, quien quiso llegar a este momento, Padre.

Paco, tú nos dejaste en medio del júbilo de Pentecostés para enseñarnos lo dura que es la vida a veces. Pero tú debías de ser, y solo tú, para saber la importancia de la alegría, de esa eterna sonrisa que alumbraba tantos días de color gris.

Tú y el Padre, ahora juntos, lo habéis querido siempre así. Porque tu espíritu y tu sonrisa siempre estarán con nosotros, pues nunca se marcharon.

Desde «Lloran los Clarines» a los pies de nuestra «Madre» hasta el 31 de enero. Todo homenaje era poco. Nada parecía suficiente. Hasta que llegó «Con tu Espíritu,» de Emilio Muñoz Serna. En una palabra: «Paquito.»

Tu sencillez y alegría, tu dulzura y tu bondad. Tu amor por la Redención. Tu sonrisa imperecedera y tus ganas inquebrantables. Todo ello es «Con tu Espíritu.»

Así llegamos hasta el 31 de enero, cuando ofrecíamos el «I Ciclo de Conciertos Sonrisa Eterna» en el lugar que te vio nacer, junto a tus personas más queridas.

Entre días de tormentas y amarguras, amanecía un día brillante, luminoso, cálido y despejado. El cielo nos hacía recordar tu sonrisa, siempre latente en medio de la adversidad. El sol de aquel día abrazaba como si de tu ilusión se tratara.

También nos hiciste recordar y tener presente aquel momento en el que partiste a la casa del Señor. En ese momento, empezaban a aparecer sobre nuestros atriles las partituras de «Espíritu Santo.»

 

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Cuando llegó nuestra dirección para preparar la actuación en el Auditorio Municipal Álvarez Quintero, los recibían las calles de Osuna resonando el eco de «Espíritu Santo» interpretada durante la procesión de Ntra. Sra. de la Cabeza, que recorría los alrededores.

Tú quisiste recibirnos en tu casa recordándonos lo bueno que nos diste y nos dejaste. Nos abriste el cielo para nuestra jornada más bonita y más dura a la vez.

Contaban las 6 de la tarde en el reloj, y La Redención llegaba a Osuna para saludarte. Para decirte en persona el «hasta luego» que nunca pudimos darte. Para tener esos minutos contigo para ponernos al día. Para poder estar a tu lado una vez más. Para despedirte como merecías. Para ver tu sonrisa otra vez. Para verte junto a tus dos padres. Para dejarte nuestro legado, testigo de tu recuerdo.

Tras aquellos minutos a tu lado, la nostalgia se iba haciendo presente y la ilusión de recordarte a nuestro lado se hacía veraz. Por aquellas butacas vacías resonaban tu corneta y tu sonrisa. La jornada se iba forjando para que recibieras aquel regalo que aún no éramos capaces de asimilar. Iban asomando las emociones de un legado que quedará grabado por siempre en nuestras partituras.

Así, con el corazón en un puño, empezamos a escribir esta bonita historia que guardaremos con letras de oro.

La noche empezaba con los sones de la historia de la que eres y siempre serás protagonista, la historia de tu amor. La historia de La Redención en la figura de nuestro Emilio Muñoz Serna abría la actuación, para recordar tu vida a nuestro lado. «Divino Redentor», pues con el te encuentras desde que nos dejaras atrás. «Señor de San Román», con la esencia que tanto te caracterizaba. «Padre», tocada desde lo más profundo para el que te dio la vida y ahora descansa junto a ti: D. Manuel Aranda. «Círculo de Pasión», pues se acordó de ti y estás junto a Él en su reino. Y por último, solo faltabas tú. «Con tu Espíritu». Y fue allí, al escucharte una última vez junto a nosotros. Fue allí, con todos los que han compartido tus filas tocando junto a tu corneta. Fue allí, y solo allí, donde hasta el silencio clamaba tu nombre. Fue allí, donde dejaron de servir las palabras para recordarte. Fue allí, donde te convertiste en nuestro legado eterno y vivo. Fue allí donde todos recordamos que siempre estaremos «Con tu Espíritu».

Sin embargo, no podíamos ser solo nosotros quienes nos acordáramos de ti y de tu padre con nuestra música. Mientras aún resonaban aquellos recuerdos entre todos los presentes, subía al escenario Manuel Cuevas. Paisano tuyo, con un vínculo irrompible hacia tu familia, no podía faltar en esta jornada donde la música te rendía homenaje. Al son del tambor de su nieto, Manuel Aranda hijo, la voz de Manuel entonaba una saeta en memoria de tu padre. Acto seguido y en tu memoria: «Lágrimas de Sangre» al unísono entre Manuel Cuevas y La Redención. Música, unida y hecha una con la palabra y la voz de tu tierra.

Para ir cerrando esta jornada eterna, qué menos que recordarte con aquellos que hicieron música a tu lado, aquellos compositores que compartían tus filas. Y no menos importante, nuestra obra viva y actual, pues no es en vano decir que te sentimos más vivo que nunca y siempre te tendremos presente con nosotros. «Rosario», de los Hermanos Jiménez Cabeza, «Danos la Redención», de Alberto Caballero Bonilla, «Madre», de Emilio Muñoz Serna, Alberto Caballero Bonilla, Cristopher y Jonathan Jiménez Cabeza, Raúl Delgado Perera y Álvaro Carrasco Gallego, «Con Humildad, ¡al Cielo!», de Raúl Delgado Perera y «Salud y Remedios», de Ignacio J. García Pérez iban avisando del culmen de esta jornada irrepetible.

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Por último, uno de los motivos que hacían de este un concierto aún más especial. Por petición de Rocío, esposa de Paquito, todo lo recaudado del concierto fue destinado a la asociación ANDEX, pues así seguramente lo habrías querido tú también. Para terminar la noche, y tras entregar el cheque a los representantes de la asociación, se interpretó «Seres de Luz», esta vez con un significado aún más amplio y sentimental.

 

Y el fin. Por el que vinimos aquí y por el que hemos trabajado tanto este año. Por el que seguimos adelante aunque las fuerzas flaqueen. Por el que seguimos con la ilusión y la alegría que tú nos enseñaste a querer. Por el que seguimos apoyándonos y siempre al unísono.

No había otra manera.

Así debía de ser y así lo esperábamos.

Tras darle a la persona que más amabas nuestro legado hecho por y para ti, nos despedimos de Osuna con tu nombre y tu recuerdo. Con tu sonrisa y tu voluntad. «Con tu espíritu».

Y que en estas líneas se refleje el amor de todos aquellos que formaron parte de tu vida y la gratitud por tantas cosas que nos has enseñado y nos sigues mostrando.

Hasta siempre, Paquito.