Amanecía el 4 de junio con ese brillo inconfundible que solo poseen las mañanas de Corpus. El aroma del incienso escapaba por el dintel del pórtico de San Miguel, mientras la luz de las velas se fundía con el rojo y el blanco de los niños carráncanos y el arcoíris de colores que dibujaban estandartes y guiones entre las andas cuidadosamente exornadas. Culminaba así el tradicional Junio Eucarístico, con Dios saliendo al encuentro de Sevilla. Era el Día del Señor.
Y Sevilla, ciudad de costumbres, memoria y tradición, volvía a reunirse en torno a su centro histórico una vez que la procesión triunfal desaparecía tras las rejas de la Puerta de Palos. El rito de cada Jueves de Corpus se repetía una vez más.
Con motivo del 425.º aniversario fundacional, la Hermandad de Montserrat había levantado un altar extraordinario en la fachada lateral del Banco de España, presidido por la imagen de San Isaías, obra de Vicente Hernández Couquet realizada en 1861. Desde allí emprendería su regreso a la Capilla de Montserrat sobre el paso cedido por la Hermandad de la Vera Cruz de Osuna, acompañado musicalmente por nuestros sones.
Aquella procesión dio lugar a un repertorio tan extraordinario como la propia efeméride. A partir de las 20:30 horas comenzaron a sonar los compases eucarísticos del himno compuesto por Ignacio Busca de Sagastizábal, seguidos por El Día del Señor, de Alfonso López Cortés, mientras el cortejo avanzaba por la Avenida de la Constitución.
Conforme el sol se ocultaba, el repertorio fue entrelazando los grandes clásicos de nuestro estilo con las incorporaciones más recientes. Al alcanzar la calle Castelar en dirección al antiguo Compás de la Laguna, donde aguardaba la Hermandad de Jesús Despojado, la tarde comenzó a regalar algunos de sus momentos más memorables.
Cuando el paso iniciaba la revirá hacia la Plaza de Molviedro, sonaron las notas de La Salve, enlazada sin interrupción con La Santa Espina, una de nuestras incorporaciones más recientes al repertorio, evocando el profundo simbolismo que siempre ha acompañado a esta composición.
Pero la sorpresa no había terminado. Frente a los titulares de la Hermandad de Jesús Despojado, el timbal anunció la interpretación del Ave Verum Corpus de Wolfgang Amadeus Mozart, adaptado para nuestra formación por Francisco de Asís Manzanero. Una de las obras cumbre dedicadas al Santísimo Sacramento que llenó de solemnidad uno de los instantes más emotivos de la jornada.
Ya en la extensa calle Zaragoza vio la luz el último estreno del día: la adaptación realizada por nuestro compañero Raúl Delgado Perera de Anima Christi, de Marco Frisina. Una composición que, junto al Ave Verum Corpus, recupera la esencia de las grandes adaptaciones litúrgicas y aporta una sonoridad profundamente solemne a nuestro repertorio.
Con la noche ya sobre Sevilla y camino de la calle San Pablo, sonaron por última vez en esta temporada marchas como Madre, Círculo de Pasión o Pan de Amor, antes de culminar la procesión en la Capilla de Montserrat con los acordes del Himno Nacional.
Fue una jornada de recuerdos imborrables e historias extraordinarias. Un día que ya forma parte de la memoria de nuestra ciudad. Un encuentro entre pasado, presente y futuro. De primeras veces y de otras que inevitablemente recuerdan a la primera. Un día de Sevilla. Un día de Corpus. Un día de Sevilla Eucarística.
No nos queda sino expresar nuestro más sincero agradecimiento a la Hermandad de Montserrat por confiar en nuestra música para una jornada que ya forma parte de la historia de la corporación y de cuantos tuvimos la fortuna de vivirla.
Gracias a Francisco por su confianza y por enriquecer nuestro repertorio con una obra de tanta brillantez. Gracias a nuestro compañero Raúl Delgado Perera por continuar escribiendo su historia junto a nosotros con una nueva adaptación que engrandece nuestro patrimonio musical.
Y, sobre todo, gracias a Sevilla. Gracias por ese brillo con el que siempre nos recibe, por el cariño con el que acompaña cada uno de nuestros pasos y por hacernos sentir orgullosos de nuestra tierra y de nuestra música.
A todos, gracias.